La madurez de un sonido orgánico en la era de la inmediatez
En un ecosistema musical a menudo saturado por lo efímero, la trayectoria de Caracoles surge no solo como un acto de resistencia, sino como una lección de coherencia artística. Con más de quince años de andadura, esta formación canaria ha logrado algo complejo en la música contemporánea: consolidar un lenguaje propio —esa «sangre macaronésica»— que huye de los clichés del mestizaje para adentrarse en una búsqueda estética mucho más profunda y arriesgada.
Desde su debut en 2008, Caracoles ha demostrado que la creación propia es su mayor activo. Bajo la dirección creativa de Nuria Hernández y Fabián Rosquete, el grupo ha transitado por una metamorfosis constante. No se limitan a fusionar rumba, rock o ritmos latinos; los deconstruyen para servir a una narrativa social y espiritual. El riesgo, en su caso, ha sido mantener la independencia creativa y la fidelidad a un sonido «cocinado a fuego lento», priorizando la artesanía de la canción frente a la urgencia del algoritmo.
Es precisamente esa defensa de la pausa lo que los ha posicionado como referentes internacionales. Como embajadores de la red internacional de municipios por la calidad de vida Cittaslow, Caracoles ha sabido traducir conceptos de urbanismo y sociología a la calidez de los acordes. Su composición «#Lento» no es solo un tema musical; es un manifiesto sobre el «buen vivir» y la sostenibilidad que ha resonado con fuerza en el panorama global.
De Canarias para el mundo. La ratificación definitiva de su impacto cultural llega con el Premio a la Cohesión Social 2025 en Corea del Sur. Que una propuesta nacida en la ultraperiferia europea sea laureada en Asia por su capacidad de generar comunidad a través del arte, habla de la universalidad de su mensaje. Caracoles no solo exporta música; exporta un modelo de gestión cultural donde la ética y la estética caminan de la mano.
En definitiva, Caracoles representa hoy la madurez de una banda que ha sabido crecer con elegancia, transformando el riesgo en prestigio y la identidad local en un patrimonio sonoro sin fronteras. Son, sin duda, la banda sonora de una nueva conciencia global.
Nuria y Fabián cantando Espejo durante el show Euphorbia en la Noche de San Juan de Puerto de la Cruz por @mrck03





